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The Road
09
mar / 10
The Road
autor: Eltania
Administrator

"Si él no es la palabra de Dios, entonces Dios nunca habló..."

Con cada película me surge la duda de si debo ser breve en mis apreciaciones o, por el contrario, extenderme todo lo que pueda, aún a riesgo de resultar cargante o aburrida.

Pero hoy no puedo resumir, en unas líneas, todas mis emociones. Se me hace cuesta arriba dejar de lado y obviar la profunda huella que ha dejado en mi.

Te advierto que, para variar, te vas a encontrar con una crítica extensa, pero creo que "La carretera" lo merece.

Agradezco tu lectura y espero poder saberte transmitir algunas de mis percepciones.

Intento captar los estímulos externos con una serenidad ajustada y la necesaria emotividad. Atrás quedaron los años de mocedad, en los que me conmovían los finales con beso incluido y crecía junto a una sensiblería superlativa.

Qué triste es, a veces, constatar que poco a poco vas perdiendo la capacidad de emocionarte, fruto de una inmunidad adquirida tras observar hechos extraordinarios, con la suficiente frecuencia y magnitud, como para que se conviertan en comunes.

Qué complejo resulta descubrir un film de tal naturaleza que logre abstraerte de lo que puede girar a tu alrededor. Qué difícil es, hoy en día, admirar una película por lo que es, por lo que relata, por lo que revela y cómo lo evidencia.

Es complicado, si, pero no imposible.

The Road. La carretera

Se trata de la adaptación cinematográfica del libro homónimo del escritor Cormac Mccarthy (“No es país para viejos”), y dirigida por John Hillcoat.

ARGUMENTO

Después de un cataclismo, cuyo origen y causa se omiten, la tierra ha sido completamente destruida. Es tal el grado de devastación que no es posible albergar esperanzas en una recuperación del entorno. No hay vegetación, y los pocos árboles que aguantan en pie no constituyen fuente alguna de alimento, ni tampoco regalan cobijo, muy al contrario, es un elemento a evitar, pues dada la poca consistencia de sus troncos, y la fragilidad de sus raíces, terminan desplomándose más pronto que tarde, constituyendo grave peligro.

No queda vida animal y entre tanto exterminio se hace difícil, y hasta increíble, descubrir cualquier rastro de civilización.

No hay alimento, ni posibilidad de elaborarlo. Entre toda esta ruina el ser humano es el único que aún resiste, pero ha de pagar un alto precio por su supervivencia, ya que debe alimentarse de sus semejantes si desea continuar subsistiendo. Esta decisión, el hecho de afrontarla, llevarla a cabo, el miedo a sucumbir, mas la hambruna acumulada le convierten, por igual, en víctima aterrorizada y en verdugo atroz, salvaje e implacable.

Avanzando, paralelamente a estas circunstancias, tenemos la figura de dos personas, un adulto y un niño, padre e hijo, alrededor de los cuales giran todas y cada una de las eventualidades anteriormente descritas.

El padre (interpretado por Viggo Mortensen), se nos muestra como un hombre absolutamente machacado, física y psicológicamente, sin perspectiva, y atormentado por sus recuerdos; recuerdos de un pasado inmediato que reconstruyen los últimos momentos vividos junto a su mujer, (Charlize Theron), alrededor de la decisión de esta de seguir o no viviendo en la situación de vorágine y destrucción que les acordonaba.

Su lucha constante gira en torno a la protección, defensa y cuidado del menor, así como en adoctrinar a este en su propia supervivencia; para ello no vacila en mostrarle el lado más drástico de la medida que debe adoptar en caso de peligro y amenaza real, con el fin de evitarle cualquier vejación, daño o sufrimiento. Adopta el rol de fuerte, pero es más débil que su propio hijo, consciente de la realidad que les envuelve.

En el contrapunto de este dúo figura el chico (Kodi Smit-McPhee), un niño que desea tomar al pie de la letra las enseñanzas de su padre, pero que en determinadas circunstancias no evita dejar salir su lado más piadoso y solidario, fruto de la ingenuidad e inocencia propias de un crío que ha nacido en este caos, y que por ello ha crecido excesivamente protegido, preservado de la realidad. No conoce la comodidad ni abundancia de la que gozó la humanidad años atrás, y a pesar de que ya se mezcla con un mundo absolutamente agonizante, aún puede sentir entusiasmo al descubrir pequeños placeres.

Ambos deambulan por el paisaje absolutamente devastado, con la única compañía de un carrito, portando escasas pertenencias, y con la única esperanza de llegar sanos y salvos a la costa. Se refugian donde pueden, sortean peligros, presencian escenas espeluznantes, se alimentan de lo que encuentran, siempre alerta…

Pero hay un objetivo prioritario, más sustancial que el hecho de ponerse a salvo, y es el de no sucumbir al canibalismo, seguir siendo parte de “los buenos”. El hambre aniquila el raciocinio, y justifica cualquier acto, por atroz o brutal que pueda llegar a ser. Esa evidencia genera miedo…

“el canibalismo es el mayor temor…”

El camino se hace largo, se torna escabroso, no resultará una empresa fácil…serán muchas las dificultades, pero mayor es su perseverancia, querer es poder, eso dicen…


MIS SENSACIONES

Hace cinco días ya que vi la película, y aún hay escenas que guardo en mi retina con absoluta nitidez, una nitidez que consigue que siga emocionándome.

Es de las pocas cintas en las que la destrucción, aún siendo el hilo central del film, no se describe o explica, no se detalla, ni se recrea con profusión de efectos especiales, aquí no es necesario… Tampoco se regodea en sus consecuencias de una forma que pueda resultar molesta, ni se desperdigan cadáveres por doquier, como cabría de esperar en este tipo de cine apocalíptico, lo que se agradece.

La muerte se muestra, se intuye, se teme, se siente, pero se entremezcla con esmerada maestría, haciéndole un elemento imprescindible en la historia, causando el impacto visual necesario, impresionando, sin resultar en exceso repugnante.

Quizá haya quien piense que su argumento no tiene nada de original, pero no se trata de analizar que su trama retrata a unos personajes que huyen, desolados por el horror de la destrucción, buscando salvarse, sino en cómo lo hacen, y en la recurrente contradicción a la que somete al espectador, al respecto de si merece o no la pena continuar, a pesar de que, a cada paso, nada cambia, todo empeora.

La relación entre padre e hijo se nos revela de una forma que conmueve y estremece. El padre ejerce sus consejos de forma implacable, a veces áspera, pero hasta en los instantes más críticos, más bruscos y desesperados, es capaz de mostrar dulzura. Cualquier eventualidad en su traslado se torna arriesgada, supone un peligro extremo, y se fuerza cada instrucción, convirtiéndose en mandato exasperado, en una dolorosa orden.

Resultan especialmente emotivas las escenas en las que, a salvo ya de los peligros del día, se disponen a dormir, a comer frente a un fuego o a compartir la lectura de un libro, y se abrazan, se protegen y dan cobijo. Ambos son extremadamente vulnerables, y necesitan del otro para seguir adelante. El niño requiere de la fuerza y valentía de su padre para poder sobrevivir, el hombre sólo necesita estar junto a su hijo para poder vivir. Esta relación de dependencia se nos muestra con maestría impecable.

No es una cinta que acaricie, ni siquiera un minuto, la superficialidad, por eso no es fácil de ver. Es triste, y a la vez tierna, lo que resulta desgarrador. Te mantiene plenamente alerta ante lo que puede depararles la próxima escena, porque temes su desenlace, porque deseas que nada malo les ocurra. Por momentos desespera y angustia, puede provocarte algún nudo en la garganta.

Y es que necesitas digerir todo a un ritmo determinado, pero el cine es así, te suministra las sensaciones en vena, sin reposo, y si te implicas estás perdido…

Puede que defraude, quizá por su reiterada exposición de la calamidad o su elevada cota de tristeza, esto es lo que me ha expresado alguna de las personas con las que he comentado la película .

Por mi parte, puedo, en cierta medida, entenderlo. Quizá me mezclé en la historia de tal manera que no alcanzo a entender otra dirección argumental, y encuentro coherente ese equilibrio en la trama, su ritmo, sus pausas, hasta su desenlace, por mucho que este duela.

Antes de acudir a verla, y si antes no has leído el libro, es necesario mentalizarse de que no es una historia sobre la felicidad, ni siquiera de la búsqueda de esta. Y sí, es pesimista, agónica, depresiva, te afecta, te deja el cuerpo para pocas fiestas..., pero créeme que aún en todo este caos es posible encontrar una historia tremendamente hermosa.

¿Qué hace de esta película un trabajo cercano a la perfección?

Para empezar, una magnífica historia, narrada por la pluma de Cormac Mccarthy. Una admirable adaptación cinematográfica, de la mano de John Hillcoat. Está claro que no era tarea fácil trasladar al cine una obra de estas dimensiones, pero Hillcoat lo ha logrado con destreza intachable, dando muestras de una capacidad y pulcritud dignas de los grandes talentos.

Una fotografía impecable, maravillosa, a cargo de Javier Aguirresarobe, que descubre todos los matices grisáceos posibles, de encuadres perfectos y primorosa composición, que te hacen penetrar en la escena.

La atmósfera y ambientación creadas en torno a la destrucción, perfectas, ofreciendo contrastes lumínicos increíbles, como el de un paisaje marchito, gélido, y el del fuego más salvaje y demoledor.

Su Banda Sonora, fascinante, envolvente. Unas piezas minimalistas, un excelente trabajo, nacido, como no,  de la inspiración de Nick Cave y Warren Ellis. Merece la pena escucharla, en tranquilidad, cerrar los ojos, inspirar y sentir cómo las notas de viento y cuerda te calan el corazón.

El eje de toda la rueda interpretativa lo encontramos en Viggo Mortensen, absolutamente sobresaliente, impecable, insuperable. De este actor puede hablarse mucho, siempre de forma positiva. El personaje se ha apoderado de él, y nos ha mostrado al hombre, no al actor. Al hombre que agoniza, lucha, se desespera, ama por encima de todas las cosas. La expresión de su rostro o la de sus ojos, su postura al caminar o al encorvarse por el dolor, son la muestra de un lenguaje gestual difícilmente mejorable.

El niño, Kodi Smit-McPhee, encandila con su carita, se hace querer, y refleja fielmente la inocencia y candidez propias de su personaje. Transmite ternura, sin que llegue a desesperar su repetitiva indulgencia.

La química entre ambos se hace evidente, creando la calidez necesaria, lo que favorece absolutamente al resultado final.

Un Robert Duvall, que no logré reconocer en sus primeros planos, todo tengo que decirlo, personifica la sospecha y la desconfianza, y añade la sensatez, a la vez que la desesperanza, de la experiencia. Una muy buena aportación.

Charlize Theron está correcta. Su papel es absolutamente necesario para descubrir fragmentos significativos de la historia, sirviendo, además, como contraste a los objetivos del padre. Su decisión afecta, aunque no sorprende, pues se insinúa y se espera. Una decisión propia, forzada por la situación, pero no menos digna. Aquí cumple perfectamente, aunque pienso que es una actriz sobrevalorada.

Resumiendo....

Es una cinta muy recomendable, pero eso sí, aconsejable ir a verla algo “preparado”, sin la idea preconcebida de encontrarse con un film de aventuras o un drama con final felíz, y, ni mucho menos, con un símil de "armageddon" o "Independence Day".

Estamos ante una obra íntima, de enorme calado, que se mueve entre la ambigüedad del desaliento y la esperanza, ofreciendo una propuesta a la reflexión, que supera cualquier filosofía.

Sus ejes principales: el amor , la resistencia y la condición humana en su máxima expresión.


Es casi imposible que no te afecte.

Sólo espero que te guste, y que la sufras en su justa medida.

John Hillcoat

Es un director casi desconocido, responsable de algunos vídeos del famoso grupo "Depeche Mode", y colaboraciones con Nick Cave, quien se encarga en "The Road" de la B.S.O.

Este es su tercer trabajo para la gran pantalla. Le preceden "Ghost of the civil dead" (1988), y "The proposition" (2005), este último muy laureado por el Instituto de Cine Australiano.

Puede que Hillcoat nunca llegue a despertar la admiración que puedan causar directores como Scorsese, Spielberg, Kubrick , Coppola o Ford, pues gusta de un estilo más íntimo, lejano a las masas y lo estrictamente comercial, pero me resisto a convencerme de que nunca llegue a admirarse su calidad, la  cuidadosa elección de  cada trabajo o de su equipo, su delicadeza y fidelidad a la hora de transmitir lo escrito y llevarlo a escena.

Me indigna que una obra cinematográfica de tal dimensión no tenga, al menos cinco o seis nominaciones a los próximos "grandes" premios de la academia, y me quedo corta con los que debería recibir .

Me conformo con haber  hallado una creación de enorme fondo  y  espero que sus trabajos posteriores sigan descubriéndonos al magnífico profesional que ha demostrado ser.

Trailer de "The Road", en español

Dirigida por John Hillcoat

Intérpretes: Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce


Comentarios (5)
  • Marta

    Me temo que no la veré, porque me deprimiria mucho.saludos

  • Jaime

    Otra critica para aplaudir.
    No creo que sea capaz de digerir toda la pelicula. Cuando eres padre te cambian muchas cosas, creo que lo pasaría muy mal.De todas formas me lo pensaré bien,porque no eres la única persona que habla bien de ella, por algo será. Un saludo.

  • Anónimo  - es muy larga

    Me han dicho que se hace muy pesada y monótona. La veré, pero será cuando salga en dvd.

  • Anónimo

    Aún no la he visto, pero tengo muchas ganas y algunas por ver todavía.
    Muy buena opinión de la película, le has puesto ganas.

  • Anónimo

    El libro y la pelicula se salen

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